El Periodismo en Colombia

Esta semana en nuestro blog tenemos un invitado muy especial, Fernando Estrada para dar su opinión acerca del periodismo en Colombia. Fernando es Evaluador de Colciencias en Economía, Ciencia Política, Filosofía, Sociología y profesor de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

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Fernando Estrada

Periodismo en Colombia


Por: Fernando Estrada

Los medios y quienes controlan el poder en Colombia parecen empeñados en una apabullante campaña de suplantación de la realidad por medio del lenguaje. Una frenética ceguera que tiene como finalidad afirmar la cultura del Kitsch y, de paso, destruir toda crítica al modelo dominante de opinión, descomponiendo falazmente los argumentos de sus oponentes. Una destorcida realidad que procede de un culto excesivo a la personalidad. Semana, El Tiempo, Cambio, Dinero, Portafolio, Soho, Caracol, RCN, Cromos, son medios que han inclinado sus rodillas ante el poder económico de turno. ¡Qué no decir en las regiones y ciudades por fuera de Bogotá!. Con excepciones, que parecen más bien simuladas por sus editoriales, lo que  parece un ejercicio independiente y liberal de la prensa democrática, se ha convertido en una sombra de lealtades incondicionales.

En la práctica tenemos un periodismo adulador.

La prensa escrita le sugiere titulares al periodismo de opinión radial en las mañanas, y el periodismo de medios audiovisuales gira cotidianamente en una suerte de tautología aparentemente indefinida. Porque todo termina en un principio: alabanza a los poderosos y humillación contra los débiles. Desde los negocios de Interbolsa o Reficar hasta los cantinflescos discursos de ministros irresponsables, en los más variados casos de ejercicio del poder muchos periodistas persiguen como perros mandarines a su amo. Y la parodia refleja en sus amañadas críticas sólo tienen un efecto color rosa: elevar y elevar más a quien manda y tiene como pagar. ¿Recuerdan en Caracol sus rogativas ante Pacific Rubiales mientras pagaba la pauta?. Miserables hipócritas. Porque en realidad las portadas que dieron estos medios a los miembros de juntas directivas de Interbolsa y Reficar, Don Fabio Villegas (un tartufo, no un sofista) es una prolongación de portadas anteriores de Uribe y Santos como guerreros de películas de vaqueros del estilo Rambo. ¿Recuerdan los golpes autoritarios de opinión de Uribe a Alejandro Santos, director de Semana?, tuvieron efectos en toda la familia Santos.

Todos debemos lamentar este periodismo tan premoderno.

Un clero atolondrado, gobernantes que mandan al país con una cohorte del Opus Dei y un rampante delirio de dueños de tierras y bancos de inversión. Unos medios orientados a preservar las ventajas económicas logradas por la suplantación de la realidad. Porque a estos medios el escándalo político les permite obtener dividendos en la medida en que sus gobernantes y políticos dan motivos para hablar. Y en esto tenía razones Karl Kraus, “con el poder de su lado los medios han amasado sus fortunas”. Colombia es un país al que parece importarle más los chismes de Darío Arismendi que la resolución de sus problemas.

El juego de espejos y metáforas es predominante.

La guerra de palabras del periodismo radial comprende tantas figuras como los escándalos derivados de las amantes del Tino Asprilla. Las diferencias son de grado, porque no debería sorprendernos que la retórica de este periodismo sea una mezcla entre la comedia y la tragedia como la muerte por desnutrición de los niños en la Guajira. Y que Fabio Villegas, en una larga entrevista por La W, termine doblegando la atrabiliaria semiología de las periodistas aprendices. Los medios contribuyen a este juego de espejos. Les conviene y les ha convenido. Por esto sus editoriales y quienes los dirigen trabajan sobre una crítica a medias: la finalidad es conseguir prolongar lo aparente. Aparentar una crítica a los atracos en Reficar, las rabietas del director del medio o las payasadas de los tontos imitadores en la Luciérnaga de Caracol Radio.

Pobreza de debates en Hora Veinte, por ejemplo, un programa radial de Caracol en donde se confunde el argumento con la algarabía o la gritería franco española. Un medio que ridiculiza el entendimiento. Porque los críticos terminan asimilando las ideas de sus contrarios y viceversa. Sin pausa la palabrería se impone sobre el examen de problemas de fondo que viven los colombianos. Y en la prensa escrita columnistas de opinión que pasan indecorosamente de un lado a otro,

según que les convenga alabar o cuestionar al gobernante. Un ejemplo, para quienes fueran columnistas lambones pro uribistas, la construcción de representaciones de falsa oposición entre derecha e izquierda es un escándalo de analistas mediocres. Pero estos periodistas se desvelan haciendo malabares con el lenguaje para situar cada régimen en la tradición histórica del remedo de democracia colombiana.

Forzar la historia mediante el lenguaje es verdaderamente un arte, y la iglesia del periodismo practicado en Colombia es experta en ello.


 

 

 

 

 

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Lo que es con la niñez y la educación es conmigo.

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Por: Andrea Camargo.

Hace unos días el partido político Centro Democrático inició una campaña llamada “lo que es con Uribe es conmigo” por medio de la cual buscan respaldar al senador Álvaro Uribe por la solicitud de investigación hecha por el Fiscal Montealegre ante la Corte Suprema de Justicia pues como lo manifestó esta colectividad “El eje electoral Santos-Maduro-Timochenko-Montealegre, llamó “terroristas” a los congresistas del Centro Democrático por disentir de su llamado “proceso de paz”” . Así mismo este partido hizo un llamado a sus seguidores, para apoyar al parlamentario votando por los candidatos políticos miembros de este partido en las próximas elecciones del 25 de Octubre.

Más allá de la culpabilidad o “persecución política” contra este parlamentario, me ha sorprendido el apoyo que esta iniciativa y eslogan ha tenido de ciudadanos y personalidades de la política, o las críticas hechas hacia el mismo, lo que simplemente ratifica la influencia política de este senador y ex presidente.

Campañas como estas siempre abren en mí el siguiente interrogante ¿y si se hicieran las mismas campañas para amparar los derechos de los niños qué pasaría?, imaginémonos todos viendo una valla que dijera “lo que es con la educación es conmigo”, y que muchos políticos salieran protestando por la crisis del hospital del Valle, la intoxicación en Quibdó de 93 niños en un comedor escolar, las denuncias de jóvenes por mal estado de los colegios, la falta de bibliotecas en áreas rurales, la falta de salud para la atención a niños con enfermedades terminales, e infinidad de problemas que requieren a una mayor atención por parte de todos nosotros.

Lo anterior no quiere decir que estas campañas no sean importantes, creo que lo son en el terreno político, sin embargo la atención política y mediática dada a este tipo de hechos nos distraen de temas relevantes para el desarrollo y progreso del país; problemas que personas con el poder e influencia necesarias podrían someter a debate en espacios decisivos para su solución.

Esto no solo cambiaría la forma de pensar de muchas personas, sino que pondría en la agenda política problemáticas olvidadas o sin relevancia por la precaria atención de los gobernantes, mejoraría la gestión, el control y la presión política que se ejercería ayudaría a que avanzáramos como sociedad.

Por lo tanto mi invitación más allá de votar por personas, es a votar este 25 de octubre por propuestas que contribuyan a cambiar el panorama educativo y de la niñez, pensemos en personas que hayan realizado grandes debates acerca de las problemáticas del país, y que hayan logrado cambios en pro del desarrollo y la construcción de un mejor futuro.

DEMOCRACIA LOCAL: ¿ESO QUÉ ES?

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Vista de los barrios pobres de Cartagena,  cerro de La Popa.

Habitantes Barrio Getsemani, en foro sobre estado del barrio. Cartagena, Colombia

Habitantes Barrio Getsemani, en foro sobre estado del barrio.
Cartagena, Colombia

Por: Wallace

Inicia la recta final hacia las elecciones locales de municipios y departamentos. Un solo vistazo a cualquier lugar habitado – o que sea inhabitado, dependiendo del trasteo de votos- muestra una cantidad inagotable de carteles, pasacalles, volantes, vehículos cuyos colores no corresponden a los registrados en los documentos de propiedad, chivas, publicidad en cualquier medio de comunicación, bazares, salones comunales llenos de personas que esperan el refrigerio prometido, tarimas con los “líderes” invitados a la jornada, caminatas por los barrios, jornadas para la entrega de volantes, firma de compromisos, artículos de prensa con denuncias contra todo el que no comparta las ideas del candidato, denuncias pasadas sin resolución, debates públicos y privados. En fin, un largo etcétera.

Por esto, para mí las campañas deberían concentrarse en digerir desde ya eso que se llama posconflicto, que no es la ausencia de cualquier diferencia, sino la realidad de tramitar y solucionar nuestros problemas, contradicciones y anhelos sin usar la violencia, ya sea de manera individual o colectiva. Deberían ser sinceras y declinar sus aspiraciones cuando cursen investigaciones disciplinarias o penales en contra de sus candidatos, para no continuar la herencia uribista de “voten, antes de que los echen a la cárcel” y bajarnos a todos de ese carrusel. Deberían revisar las acciones que hicieron sus candidatos cuando ejercieron cargos públicos, para que la información plena y abierta, permita evaluar si vale la pena elegirlos de nuevo. Podrían, sin mayor esfuerzo, evitar contaminar nuestras calles en pueblos y ciudades, cuando instalan pendones, pasacalles y afiches, o entregando infinidad de volantes a la gente que los arroja a menos de cien metros del punto de la “volantiada”. Deberían unificar sus criterios al interior de los partidos, sean tradicionales o no, porque entre el discurso y los hechos, los trechos se parecen la troncal Caracas y sus puntadas ideológicas, el relleno fluido de la desdicha. Deberían proponer ideas realmente innovadoras y dejar de lado los refritos basados en el ataque al mandatario actual, convocando a la ciudadanía a ser activa y autónoma en su desarrollo.

La ciudadanía aún no sabe bien qué es el posconflicto. Pero se entiende que es un proceso que se entenderá gradualmente. Lo más preocupante es el escaso interés de los actuales candidatos, su casi nula preocupación por lo que viene. La poca participación en el debate nacional que parte de los territorios que buscan administrar. Solo algunos hablan del tema y de aquellos, algunos son tuertos en tierra de auto cegados. No sabemos con claridad meridiana, qué piensan hacer en los próximos cuatro años, que no sea intentar mantener las bases para hacerse reelegir, en el caso de concejos y asambleas, en los cuatro años posteriores. Tal vez se cambien de partido, tal vez motiven a personas de sus equipos a lanzarse en cuerpo ajeno, por si de pronto las aventuras hacia otros cargos no prosperan y deban a ocupar el puesto que nunca debieron dejar.

Electores: Su tarea es siempre indagar, reflexionar y pensar con cabeza fría. Acudan a la prensa escrita, a las páginas web de los medios de comunicación de cualquier tipo. Así cada uno de los candidatos tenga intereses, piense que su elección puede ser determinante para un mejor presente, no solo de su calle, sino del país entero. Bájese del carrusel de la indiferencia y evite que nos vuelvan a montar en el desagradable e irresoluto, carrusel de la contratación de sus

respectivos territorios. Usted tiene la palabra.

Grecia, o la destrucción de la democracia.

Las últimas semanas en Europa han sido, además de calurosas –tema al cual me referiré en próximas entradas- calientes en términos económicos, sociales y hasta filosóficos. Se han escrito toda clase de análisis, desde los ortodoxos de izquierda hasta los defensores del derrotado neoliberalismo, que han dado sus respectivos argumentos. En cualquier caso, pocos han tenido en cuenta la necesidad de revisar los conceptos modernos de soberanía, auto determinación y

democracia.

Empecemos solo con decir que Grecia venía desarrollando una política fiscal y social que no tenía correspondencia con su realidad monetaria que, dependiente del Euro y de las regulaciones agresivas de la zona, llevaron a un colapso del que era consciente Alexis Tsipras en su campaña política, aunque nunca lo hubiera expresado hasta las medidas de la presente semana.

Es cierto que a nadie le gusta que recorten sus beneficios pensionales. Pero cuando son tan elevados y no responden a la realidad de aportes e ingresos de la nación, es necesario recordar que vivir en sociedad implica una serie de derechos y de deberes. Por otro lado, algunos columnistas aseguran que el recaudo de impuestos solo alcanzaba entre un 10 y un 15 % de las metas establecidas en los últimos cinco años, con lo cual la fuente de ingresos para el sostenimiento del estado griego es débil.

Sin embargo, es de anotar que ninguna de las medidas adoptadas en años recientes, así como las actuales con las que Alexis Tsipras debe jugar, son la solución a la crisis. Al menos, no para que el país que se considera cuna de la democracia, se sienta como uno que la desarrolla. A pesar del referéndum del pasado 5 de julio, en el que un 61 % de los votantes rechazaron las propuestas de la Unión Europea para los ajustes de austeridad, el gobierno no tuvo otra alternativa y cedió a la presión de 22 países. En otras palabras, el ejercicio democrático por excelencia fue puesto en duda por quienes promueven el sistema democrático como el preferible en materia de sistemas políticos.

Con esta situación, no solo se ha puesto en duda la capacidad de los países de generar autonomía; también se evidencia que la integración regional no debe depender exclusivamente, de la unificación de los modelos de desarrollo, de la moneda o de las políticas económicas sino del diálogo entre los pueblos. Entre la gente de carne y hueso.

Una lección que los demás bloques económicos y los nuevos países ricos, no deben olvidar si quieren mantener un mínimo de respeto ante sus ciudadanos.