¡Que tu entrada no sea el precio de su libertad!

Una de las experiencias más frustrantes que he tenido en mi vida ha sido visitar uno de los zoológicos más conocidos en Colombia, el Zoológico de Santacruz, el cual se encuentra ubicado a 9 km del famoso Salto del Tequendama en el departamento de Cundinamarca. El parque tiene aproximadamente 136 especies de mamíferos, 144 aves y 35 reptiles, con un 85% de especies silvestres y 15% de especies exóticas, quienes a mí manera de ver, viven en unas condiciones lamentables y precarias.
Según lo señala ACOPAZOA (Asociación Colombiana de Parques Zoológicos y Acuarios), en Colombia existen un total de 15 zoológicos y acuarios, los cuales fueron construidos con la idea de contribuir no sólo con la recreación de las personas sino también con la implementación de programas de educación, investigación, conservación y protección de fauna silvestre. Sin embargo, dicha idea se queda un tanto corta en la realidad, pues la mayoría de zoológicos en el país, por no decir todos, han ceñido su función principalmente a la recreación de las personas y al aspecto lucrativo que representa, dejando en el olvido el propósito de conservación y protección animal.
Lastimosamente, para muchas personas resulta llamativo todo aquello que implique la exposición de animales, tal vez porque no se detienen a conocer el trasfondo del asunto y lo que implica para ellos tal situación. Bastaría con entender que el simple hecho de adaptarse a un lugar al cual no pertenecen les resulta perturbador y aún más cuando se limitan a lo que observan y obtienen en su encierro.
Jamás había visto una mirada más triste que la de aquellos animales que habitan el Zoológico de Santacruz, y confieso, asistí allí porque soy amante de los animales y desconocía todo aquello que existe detrás de la idea de conservación y protección de aquellos animales que son incautados por el tráfico ilegal de fauna que aqueja al país. Por esto, es imposible dejar de pensar que los zoológicos son espacios de reclusión de animales silvestres y más aún cuando se trata de especies que han tenido crías, pues estas causan en las personas mayor motivación para asistir a ellos, generando a su vez un mayor ingreso económico para quienes se lucran de la actividad.
Sin embargo, debo reconocer que apoyo la existencia de reservas o parques naturales que en el estricto cumplimiento de las necesidades de seguridad, bienestar y nutrición, conservan el entorno natural de las especies y garantizan la protección, preservación y cuidado de las mismas.
La cuestión en sí es invertir ese dinero que se está perdiendo con los zoológicos, en la conservación de reservas naturales, las cuales garanticen unas condiciones de vida óptimas para las especies, pues no nos digamos mentiras, a quienes nos gustan los animales amamos todo aquello que tenga que ver con ellos e iríamos a cuanto lugar existiera sólo con la idea de verlos, pero ello no implica que nuestra entrada les cueste su libertad.

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