Grecia, o la destrucción de la democracia.

Las últimas semanas en Europa han sido, además de calurosas –tema al cual me referiré en próximas entradas- calientes en términos económicos, sociales y hasta filosóficos. Se han escrito toda clase de análisis, desde los ortodoxos de izquierda hasta los defensores del derrotado neoliberalismo, que han dado sus respectivos argumentos. En cualquier caso, pocos han tenido en cuenta la necesidad de revisar los conceptos modernos de soberanía, auto determinación y

democracia.

Empecemos solo con decir que Grecia venía desarrollando una política fiscal y social que no tenía correspondencia con su realidad monetaria que, dependiente del Euro y de las regulaciones agresivas de la zona, llevaron a un colapso del que era consciente Alexis Tsipras en su campaña política, aunque nunca lo hubiera expresado hasta las medidas de la presente semana.

Es cierto que a nadie le gusta que recorten sus beneficios pensionales. Pero cuando son tan elevados y no responden a la realidad de aportes e ingresos de la nación, es necesario recordar que vivir en sociedad implica una serie de derechos y de deberes. Por otro lado, algunos columnistas aseguran que el recaudo de impuestos solo alcanzaba entre un 10 y un 15 % de las metas establecidas en los últimos cinco años, con lo cual la fuente de ingresos para el sostenimiento del estado griego es débil.

Sin embargo, es de anotar que ninguna de las medidas adoptadas en años recientes, así como las actuales con las que Alexis Tsipras debe jugar, son la solución a la crisis. Al menos, no para que el país que se considera cuna de la democracia, se sienta como uno que la desarrolla. A pesar del referéndum del pasado 5 de julio, en el que un 61 % de los votantes rechazaron las propuestas de la Unión Europea para los ajustes de austeridad, el gobierno no tuvo otra alternativa y cedió a la presión de 22 países. En otras palabras, el ejercicio democrático por excelencia fue puesto en duda por quienes promueven el sistema democrático como el preferible en materia de sistemas políticos.

Con esta situación, no solo se ha puesto en duda la capacidad de los países de generar autonomía; también se evidencia que la integración regional no debe depender exclusivamente, de la unificación de los modelos de desarrollo, de la moneda o de las políticas económicas sino del diálogo entre los pueblos. Entre la gente de carne y hueso.

Una lección que los demás bloques económicos y los nuevos países ricos, no deben olvidar si quieren mantener un mínimo de respeto ante sus ciudadanos.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s