¿Vivimos en una sociedad violenta?

Por: Natalia Torres Sierra

La sociedad colombiana ha sufrido altos niveles de violencia social desde hace muchos años. Venimos de una colonización salvaje, muchas de las tribus indígenas que habitaban en este territorio eran violentas, y de ahí para adelante hemos tenido pocos períodos de calma.

Adicionalmente, la pobreza es un factor de riesgo especialmente para el abuso físico y el abuso por negligencia. Sin embargo, los niños de “clase alta” están expuestos a otros riesgos como el uso y abuso del computador. Si bien es cierto que en las redes sociales prolifera la prostitución, la pornografía y abundan los pedófilos, es importante cuidar y alertar a los niños acerca de estos peligros. Siendo consciente, en Colombia la brecha digital es muy amplia y no se reduce con un mayor número de conexiones o de dispositivos, sino con un uso más efectivo y mayoritario de los recursos disponibles a través de la web.

Actualmente, la violencia asecha en el país, por eso hay que tener el ojo entrenado para prevenirla. Para esto, se hace necesario denunciar en el momento en que se encuentre un rastro que indique el sometimiento de un niño al maltrato, si esto no se realiza a tiempo puede ser demasiado tarde. El maltrato infantil tiene 20.268 procesos vigentes hasta la fecha y este no se limita a la agresión física como muchos creen. Según el Código de la Infancia y la Adolescencia (Ley 1098 de 2006), la conducta tipica también otras formas de daño como castigo, humillación, abuso físico o psicológico, así como el descuido y el trato negligente sobre el niño, la niña, el adolescente, aún desde la gestación hacen parte de este.

Existen distintos tipos de maltrato infantil como el psicológico, físico y en gestación. El Psicológico se presenta con insultos, agresiones verbales, rechazo, desprecio, burla y amenazas. El maltrato físico, por su parte, se presenta con golpes con la mano o cables, correas, pantuflas, palos, pellizcos, cachetadas, puños, entre otros. Finalmente el maltrato en gestación ocurre cuando la madre gestante es agredida psicológicamente, físicamente o cuando el niño es rechazado por la madre desde el momento de su concepción.

Cualquier tipo de violencia tiene efectos negativos en el desarrollo de los niños porque causa baja autoestima, ansiedad y depresión. Además, existen factores asociados como problemas de comportamiento y temperamento difícil. En ocasiones el maltrato es desencadenado por la edad de los padres (padres adolescentes), estrés familiar causado por el desempleo de los padres, las di-ficultades económicas, la agresión entre los diferentes miembros de la familia, entre otras.

En cuanto a los factores ambientales, el ciclo de violencia aumenta por el consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas, los embarazos no deseados, las historias de vida de los padres marcadas por maltrato en la infancia. Durante el ultimo año, el maltrato infantil con 21,2%, la violencia sexual con 13,5%, el abandono con 5,7% y el consumo de sustancias psicoactivas con 5%, fueron los motivos más comunes de vulneraciones contra los menores.

Para evitar que el maltrato se aloje en los hogares de nuestros seres queridos, es importante la confianza y creer en la versión que la victima, el niño, argumenta sobre el agresor. Así mismo, es pertinente revisar cómo se siente el niño físicamente y preguntarle si tiene algún dolor. Después de realizar esto, si se encuentra algo anormal, se debe acudir a denunciar al agresor por maltrato infantil.

Para concluir, es necesario dar a conocer al lector que en materia de género, la proporción de niños que llega al ICBF como víctimas de un acto de violencia o por la vulneración o amenaza de algunos de sus derechos, alcanza un 45%, superado por el número de niñas, que representa el 55%. Es por esto que no podemos seguir convirtiendo a nuestros niños y niñas en víctimas del maltrato, ni seguir tolerando la violencia física, ni psicológica en nuestras ideas de crianza, tampoco debemos seguir pensando que esa es la manera de educar a los niños, niñas y adolescentes. El modelo de educación en Colombia ha cambiado por eso campañas como ‘Por las buenas sí aprendo’ del ICBF son efectivas para sensibilizar a los adultos sobre su responsabilidad en la protección y garantía de los derechos de la niñez.

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