Los niños van a la guerra “¡qué dolor,qué dolor, qué pena!”

Publicado: 18 de febrero de 2014

Por: Andrea Camargo Villamil

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En días pasados se conmemoró el día en contra del reclutamiento de niños por parte de grupos ilegales, aprovechando esto, la Defensoría del Pueblo alertó al Gobierno acerca del incremento del reclutamiento de menores por parte de las BACRIM, y 

adicionalmente, le fue presentado al Presidente Santos, una investigación realizada por la Fundación Compartir, ratificando el mal momento que está atravesando el sector educativo en Colombia.

La influencia del conflicto armado en Colombia sobre la educación y las nuevas generaciones  continúa siendo devastadora, algunos estudios estiman que 18.000 niños están vinculados a grupos al margen de la ley, aunque según cifras otorgadas al gobierno nacional por la Unidad de Reparación a Víctimas hay alrededor de 6.900, dos cifras de gran connotación, pues implica que a al menos 6.900 niños la guerra les ha arrebatado caprichosamente la posibilidad de vivir como niños, pues han recibido un arma y no los materiales adecuados para fortalecer sus competencias motrices, creativas, e intelectuales acorde con su  edad y crecimiento, sin olvidar que no han contado con el apoyo de docentes capacitados para desarrollarse apropiadamente.

La educación en Colombia ha estado marcada por una baja inversión por parte del Estado, en el cual éste derecho se ha convertido en privilegio de pocos, sin embargo la violencia y el reclutamiento de niños por parte de grupos al margen de la ley han acentuado fenómenos como la deserción escolar, sobre todo en áreas rurales, pues el miedo de los padres a que sus hijos sean reclutados también aleja de las aulas a los más pequeños.

Consciente de esta realidad, Jornal trabaja a diario para abastecer con libros aquellas escuelas rurales afectadas por la violencia donde el Estado parece estar ausente,  no existe una biblioteca cercana o la que existe, no cuenta con el material de lectura y didáctico necesario para brindar una educación acorde con las necesidades del mundo actual, no solo se trata de una biblioteca, se trata de una puerta a miles de historias que pueden alejar a los niños de la guerra y brindarles la oportunidad de conocer el mundo a través de increíbles travesías, abriendo un camino a un futuro mejor.

Como la famosa canción infantil de “mambrú se fue a la guerra”, el fenómeno de reclutamiento armado de niños trae dolor y pena, transfiriendo el conflicto a las nuevas generaciones, que deberían estar creciendo en un ambiente sin hostilidad, la guerra no es un juego de niños,  y  mejorar el presente y futuro de la niñez es un compromiso de toda la población, las generaciones adultas deben convencerse que la educación es la salida a esta guerra que cada día cuenta más víctimas, y enviar a los más pequeños a estudiar, los jóvenes debemos construir a diario con nuestras acciones nuevos pilares para revolucionar el sistema educativo e impulsar por medio de estos la cultura de la paz y, y finalmente los niños, ellos deben jugar a ser niños.

 

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