Y en política se muere más de una vez

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Por: Lorena Castañeda

Publicado: 10 de febrero de 2013

Al parecer en Colombia próximamente se calificaría al ejercicio de hacer política, como una actividad de alto riesgo y es que no es para menos el calificativo, pues en este país resulta ser de valientes quienes se atreven a proponer ideas transparentes, comprometidas y diferentes.

Pero también es una lástima que la premisa de querer luchar por los más vulnerables  y propender por un verdadero bienestar general, pasó al olvido en quienes practican una forma de política que termina siendo más peligrosa que la misma omisión de practicarla por miedo, la politiquería.

Estos son quizá, los dos grandes monstruos que se comen las oportunidades en el país, el constante miedo por marcar la diferencia y una macabra politiquería que corrompe el significado ideal de hacer política.

Por esas razones, es común ver a jóvenes decepcionarse de este gremio, pues existirán fuerzas que querrán callar a tiros a los que piensen diferente políticamente, o lo que también es lamentable, un grupo de personas manipularán líderes sociales para influenciarlos en prácticas que buscan beneficios particulares a costa del manejo indebido de los recursos públicos.

Pero a pesar de los pesares, vale la pena volver a darle un valor a la política, hacer de ella algo respetable y honorable, retornar al ejercicio de servir a los más vulnerables, incitar la esperanza y luchar para que la paz retorne la tranquilidad y progreso a esa parte del país olvidada y maltratada por la violencia, el campo.

Por todo esto me atrevo a decir que en política más vale morir las veces que sean necesarias, pero más vale morir por causas que así lo merecen.  De este modo desde la Fundación Jornal, trabajamos por la niñez y la educación de los niños del campo tolimense, nos arriesgamos a hacer las tareas que le corresponden al Estado, llevamos la paz a través de bibliotecas y logramos que los más pequeños  vuelvan a soñar con ser astronautas, profesores, veterinarios y demás profesiones que fueron desplazadas por la única opción de entrar a la guerra.

Sin duda alguna y con el propósito de volver a darle un sentido digno al ejercicio de servir a los demás, pertenezco a ésta organización que lo da todo por los más vulnerables, que le apuesta a una educación para la paz y que sin decirlo, demostramos la verdadera forma de hacer una política joven, transparente y sin miedo.

Con determinación seguiré trabajando con el alma y el corazón para que los niños tengan un libro y no un fusil en su mano.

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