Miércoles de Invitados: ¿Cómo ganarse la vida haciendo patria?

Por:  Álvaro Castañeda
Publicado: 07 de septiembre de 2011

 

Caminar para muchas personas es algo que puede resultar tedioso, pero es así como yo he podido tener la oportunidad  de mostrarle al mundo entero lo bella que es mi ciudad. Cuando salí de la universidad  tenia las metas claras de un profesional que quiere salir a devorarse el mundo gerencial de las grandes multinacionales, pero por una divinidad del  destino di un giro de 180 grados y entré al mundo del turismo (siendo un profesional en finanzas y negocios), sin darme cuenta adquirí una responsabilidad  bastante grande, pensaría yo; de un momento a otro asumí el compromiso  de mostrar Bogotá para periodistas de distintos medios internacionales.

El esfuerzo no fue fácil, me tuve que adaptar a trabajar a deshoras, a madrugar los domingos, hasta tuve que aprenderme de memoria la receta para preparar un ajiaco en español, inglés y tarareando algo de portugués, me entrené tanto que  como quien no quiere la cosa aprendí  a eludir con la astucia de un político cuando me preguntaban por los secuestrados, por las FARC, la droga y la violencia. Hasta que un día pensé, si Al Capone que no estaba muy lejos de ser un Cuchillo o un loco Barrera, los Gringos convirtieron en leyenda, ¿por qué yo debo esconder nuestra historia? ¿Por qué debo tener miedo de decir que hace 11 años mis papás tenían miedo de que fuéramos a pasear porque yo era un Auxiliar de Policía con ánimos de ser un oficial de esa institución?

¡No señor! Esos no somos los colombianos, nosotros somos los que tomamos cerveza fría sentados en una canasta de gaseosa después de un buen cotejo de fútbol, los que vamos a paseo de río a preparar sancocho porque agua y ríos es lo que tenemos, los que ni siquiera sabemos cuántos tipos de orquídeas hay en el país, tan es así la cuestión que le podemos presumir a un japonés que una patilla nos cuesta $3.000; eso en mi humilde opinión es tocarle la fibra al resto del mundo. Una vez le escuché a un Inglés decir que  de Colombia no le enamoraban tanto sus paisajes, ni sus playas, ni siquiera su café, lo que realmente lo cautivaba  era la calidad de su gente, los que llamó los nuevos Colombianos, los  que hacen en bien, la verdad sea dicha nunca le quise preguntar cuáles eran los malos.

Así es como ahora me siento más que orgulloso de  ver muchos “monos” perdidos en la Candelaria con su Lonely Planet en la mano, lo que me brinda la satisfacción de haber podido aportar un granito de arena y así,  con mucha más euforia saludar a los soldados en la carretera y explicar a gente de todo el mundo las campañas de: “En Colombia los Héroes si existen” y “Colombia: El riesgo es que te quieras quedar”, porque si hay algo que podemos estar seguros es que tenemos muchos tesoros escondidos en un país donde tomamos tinto, aguardiente y casi todos los hombres y mujeres, con pocas excepciones como yo, son excelentes bailarines de salsa.

 

 

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