Una Colombia rural sin colores

Por: Lorena Castañeda

Lamentable. Así podría calificarse la educación de ese extenso territorio olvidado donde el Estado no hace una minuciosa evaluación desde tiempos memorables. El reto es grande si partimos de un diagnóstico donde es evidente el grave impacto que ha causado la guerra en el desarrollo intelectual de los colombianos que habitan y trabajan el campo.

El conflicto armado ha dejado una marca muy grande no solo en las víctimas (que somos todos), sino en lo que nos ha costado en desarrollo la ausencia de una política pública de educación rural integral. Basta con revisar las cifras que comparan los avances en educación en zonas rurales y en zonas urbanas, para concluir que el desafío más grande en el posconflicto es eliminar las barreras de la enseñanza en las regiones del país.

Según cifras de la Alianza Compartir Fedesarrollo y de la Misión para la Transformación del Campo, el analfabetismo en la población rural alcanza un 12.5% comparado con el promedio nacional que se ubica en un 3.3%; la tasa de permanencia en el sistema educativo en las ciudades y municipios es de 82%, mientras que en las escuelas del campo el porcentaje es de 48% y respecto a las pruebas Saber es notable la desventaja de las zonas rurales con resultados inferiores a los de las zonas urbanas.

Y es que las quejas en la educación rural van desde la falta de libros, cuadernos, elementos deportivos y hasta lápices y colores en los maltrechos pupitres de las escuelas. Penosos son los caminos que deben atravesar los niños y los profesores para asistir a clases, en la mayoría de las ocasiones son un desfile de carreteras rotas o inundadas, cuando los hay, porque bien ha conocido el país que en muchos lugares del campo deben atravesar ríos sin puentes o practicar de manera riesgosa un cruce de caminos por un oxidado cable aéreo. Sin contar con que hace algunos años, las escuelas tenían que servir de puesto de mando de los grupos al margen de la ley, lo que significó en muchas ocasiones jornadas enteras sin clases.

Un país 90% rural, no puede permitirse alejarse internamente por la falta infraestructura vial y tecnológica. Hay zonas de Colombia donde es imposible la comunicación y el internet parece ser algo tan futurista que se vuelve inalcanzable. No quiero tampoco desmeritar el trabajo de MinTic, pero creo que en esa cartera son conscientes del enorme atraso en el que se ahogan las regiones más apartadas.

Pero como si fuera poco, a la educación rural la aqueja de manera silenciosa el rompimiento del ciclo educativo en la culminación de los cursos académicos bachilleres donde la tasa de deserción es muy elevada. La imposición del trabajo infantil y a la falta de orientación para el ingreso a la educación superior, quita oportunidades a las generaciones salientes. Además, los jóvenes perciben que su futuro no es posible en las regiones donde viven y consideran que el campo no es un escenario propio para la movilización social. Así que también hay que apostarle a las ofertas educativas y laborales para que los que logran acabar la básica secundaria y claro, con esto hacer atractivo su futuro educativo.

Así que sin colores, sin caminos, sin libros y sin capacitación a los docentes sobre los temas propios de las regiones, la vía al desarrollo se prolonga tanto como la separación que hoy existe entre la Colombia rural y la Colombia urbana.

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Y, ¿cómo los recibimos?

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Por: Wallace.

Wilson se había desmovilizado de la guerrilla en la segunda década del siglo XXI. Su suerte era incierta porque, en la natural desconfianza hacia el gobierno, sentía que dejar su herramienta principal era como desnudarse en público. Pero se arriesgó.

Nunca fue comandante en su frente, aunque sí lideró algunas acciones que derivaron en escaramuzas que permitieron dar de baja al enemigo y en las que murieron algunos de sus camaradas. Tal vez por eso fue que decidió dar un paso adelante y asumir una nueva vida fuera de la guerra. Sabía que podía iniciar una nueva etapa de su camino por la vida.

Volver a su tierra natal no era una opción. Su familia había sido desplazada y el estigma de haber sido parte de los “muchachos” impedía que la vereda lo aceptara de nuevo. Así que partió hacia otro departamento, en una zona donde podría trabajar y, con unos ahorros, comprar una parcela.

Allí conoció a Araminta, una joven mujer que destellaba inteligencia y constancia en el trabajo. Se hicieron novios y luego se casaron, mientras trabajaban en las labores de jornaleros que esa nueva vereda les ofrecía. Unas veces haciendo la limpia de los cultivos de cacao, otras en las obras de la carretera que aún no se ha terminado porque los políticos locales cobraron una excesiva comisión al contratista, que ya había creído pagar lo suficiente cuando le otorgaron el contrato.

Pero todo empezó a cambiar cuando, por alguna indiscreción de alguno de los dos, los vecinos se enteraron del pasado de Wilson. Por primera vez en mucho tiempo, volvió el abigeato, el robo de gallinas y hasta de los contadores de la luz. Incluso, algunas herramientas se refundieron. Y todos señalaron al “reinsertado” como el culpable de los hechos.

Dos años de señalamientos no fueron suficientes. Para las fiestas de fin de año de 2016, en medio de los tragos, los familiares de Araminta asesinaron a machetazos a Wilson, excusados en alguna diferencia que derivó en una discusión. Ella, desolada, piensa dejar el municipio y abandonar su importante papel como tesorera de la asociación campesina de reciente creación.

Fue solo uno. Y serán más de seis mil personas que en el lapso de siete meses, estarán retornando a sus veredas, barrios, comunas, familias. O que, como Wilson, buscarán en otras tierras ser autónomos y cambiar las balas por semillas, por un trabajo legal, por una pequeña empresa que los haga ciudadanos. No renunciarán del todo a sus ideales políticos y sociales. No serán como nosotros. Tal vez busquen ser mejores que nosotros.

¿Estamos preparados para aceptarlos? ¿Cómo los recibimos? ¿Los acusaremos de cometer cualquiera de los delitos que a diario han sucedido en este país y que no tienen nada que ver con esta parte de la guerra que se acabó? ¿Actuaremos como el hermano descrito en la parábola bíblica del “hijo prodigo”? ¿O más bien seremos como el Jesús que se interpuso entre los hombres que le arrojaban piedras a maría Magdalena?

Una invitación que tiene muchos interrogantes previos a la acción.

Un gran reto por superar.

Halloween con Fundación Jornal

En una jornada maratónica este año llevamos la alegría de Halloween a 300 niños en el municipio de Icononzo (Tolima) y la ciudad de Bogotá.

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El sábado 29 de octubre viajamos a Icononzo desde Bogotá, hacía las tres de la tarde iniciaba nuestra celebración, con anterioridad habíamos invitado a 60 niños a disfrutar una tarde de Halloween, y finalmente se llegó la cita disfrutamos de una tarde gris pero llena de sonrisas donde hubo danza, adivinanzas, concursos en compañía de los padres de familia, piñatas, sorpresas, un refrigerio, y mucha diversión para todos por más de dos horas.

Al caer la noche y como es nuestra tradición alistamos todo para nuestra caravana de dulces recorriendo el pueblo y repartiendo cerca de 200 sorpresas a todos los niños de la región desde las siete de la noche hasta casi las diez de la noche, donde los niños nos esperaron y recibieron llenos de felicidad pese a las adversidades del clima.

Para finalizar esta celebración, el lunes 31 de octubre recorrimos diferentes rincones de la ciudad entregando dulces y sorpresas a más de 50 niños en Bogotá, cerrando con broche de oro esta cadena de celebraciones que cada año beneficia a más niños y llega a más lugares de Colombia.

Agradecemos a todos los que cada día confían en nuestro trabajo para llevar felicidad a la niñez de Colombia, a los niños por asistir a nuestra actividades llenos de alegría y a nuestros voluntarios que nos acompañaron en esta ocasión, Jorge Buitrago, Mario Calderón, German Calderón y Carolina Hernández por su disposición y ayuda indispensable para el éxito de las actividades.

Seguiremos preparando muchas sorpresas para finalizar el año 2016 con su apoyo y construyendo un mejor futuro para la niñez de Colombia.

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Construímos una Biblioteca para el Futuro en Soacha

¡Fue toda una odisea llegar! Pero fue un un día lleno de alegria y muchas sorpresas la comunidad del Barrio Santa Ana, en el municipio de Soacha (Cundinamarca)  fue beneficiada de la construcción y entrega de nuestra DÉCIMA Biblioteca para el Futuro.dsc_1755

A nuestra llegada a la sede de la Junta de Accional Comunal con la ayuda de nuestros voluntarios se adecúo el lugar para la instalación de la biblioteca con más de mil libros, también lo decoramos para la celebración de la llegada de este centro de pensamiento a esta comunidad, mientras que miembros parte de un grupo Scout realizaban actividades con los niños que nos acompañaron en esta actividad.

En desarrollo de los actos protocolarios de la entrega vinieron las palabras por parte de miembros de nuestra organización, a través de las cuales invitamos a los niños a cuidar la que ahora sería su biblioteca, y a forjar desde la educación un espíritu emprendedor para el desarrollo de nuestro país; por otra parte, miembros de la Junta de Acción Comunal nos agradecieron y felicitaron por nuestro compromiso con la niñez, motivándonos con sus palabras a seguir con esta labor que día a día nos llena de satisfacción.

Nuesta inauguración estuvo llena de momentos únicos, pues fuimos gratamente sorprendidos por niños que acompañados de sus padres realizaron bailes típicos Colombianos, demostrando sus destrezas y llenando nuestros corazones de motivos para seguir construyendo la paz por medio de la educación, la cultura y los libros. Luego, para sorpresa de nosotros, grandes y pequeños, nuestro voluntario y cantautor colombiano Leo Cerratos, nos concedió un pequeño concierto compartiendo su talento y música con todos los asistentes.

Finalmente, procedimos a inaugurar oficialmente nuestra décima biblioteca para el futuro con el acostumbrado corte de listón que realizó nuestro director ejecutivo Álvaro Castañeda, junto con ella se entregó un completo kit de útiles escolares didácticos y deportivos, que nutrirán las actividades culturales y educativas que realizan los niños allí.

Agradecemos a la Junta de Acción Comunal del Barrio Santa Ana, por darnos la oportunidad de contribuir al crecimiento en la calidad de la educación de su comunidad, por permitirnos pasar un día increible a lado de los niños y padres que asistieron, y por honrarnos con sus palabras y actos culturales preparados para la ocasión, a los miembros del grupo Scout, porque en nuestros eventos son un apoyo valioso e inigualable, a los voluntarios que en esta oportunidad nos acompañaron Leo Cerratos, Felipe Daza, Mayra Jiménez y Jorge Buitrago, por su colaboración y excelente disposición en el desarrollo del evento, y a nuestros donantes por creer en nuestra gestión y hacerla posible.

Seguimos cumpliendole a la niñez con la firme idea de que la educación es la herramienta que forjará un mejor futuro, les aseguramos que nuestra recompensa es y seguirá siendo la sonrisa de un niño al abrir un libro.

¡Por una Colombia llena de bibliotecas. Por una niñez feliz llena de oportunidades!

 

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Grito desesperado como un llamado a la sensatez

Por: Carlos Andrés Álvarez

Publicado: 22 de febrero de 2016

El millonario desfalco en REFICAR, niños que mueren por inanición en la Guajira, la tenebrosa Comunidad del Anillo, asesinatos y desapariciones en la cárcel Modelo de Bogotá, “paro armado” del ELN, problemas ambientales generados por El Quimbo, en fin; podríamos seguir avanzando en esta compilación retrospectiva vergonzante indefinidamente. Vamos dando tumbos de escándalo en escándalo, como autómatas a los que nada les duele, a los que nada puede asombrar, ni mucho menos indignar, más allá de dos o tres días.

Cada una de las situaciones mencionadas son de suma gravedad y deben ser investigadas y esclarecidas. Las entidades de control deberán establecer responsabilidades y culpables, garantizando que estos asuman las sanciones disciplinarias, fiscales y/o penales del caso.

Mas el problema más grave, y en gran medida la causa primaria de los males que nos aquejan, es que no somos capaces de hacer una reflexión de fondo para darnos cuenta que nuestra sociedad atraviesa por una profunda crisis moral, ética e institucional. Y, peor aún, que esto se nos ha convertido en algo corriente, en el estado normal de las cosas. Como sociedad asumimos que el problema no es con nosotros (y me incluyo), generándonos a nosotros mismos una incapacidad absoluta para poder hacer un ejercicio serio de autocrítica para comprender lo que nos ocurre como colectivo.

Asumimos que aquellos problemas se originan y son causados por instituciones oscuras, por un Estado disfuncional y mal administrado, por gobernantes ineficientes, por grupos al margen de la ley, por el narcotráfico, por políticos corruptos, por empresarios inescrupulosos y por todo aquel en el que podamos proyectar nuestro cinismo, nuestra falta de solidaridad y nuestra indolencia, para ocultarlos a nuestros propios ojos negarnos ineludiblemente que también somos responsables de ellos. Hemos optado por tapar el sol con las manos, desconociendo que somos parte del problema y también de la solución.

No se trata del gobierno de turno, de la persona quien dirige x o y entidad pública o privada, ni de que el Congreso no represente en absoluto los intereses de quienes lo eligieron. La generalización representa el facilismo en el que debemos evitar caer a toda costa. En cada gobierno, en cada entidad y en cada empresa existen varias personas excelentes, muchísimas buenas y otras cuantas que no lo son tanto. La génesis del proceso crónico de degradación por el que atraviesa Colombia está en el ADN mismo de nuestra cultura política y social, que permite que esos líderes negativos sean los que impongan antivalores sobre el conjunto y los principios que representan el bien común.

Es triste encontrar en las redes sociales los cibernautas simplemente nos limitamos a opinar sobre temas puntuales como si Vicky Dávila actuó de acuerdo a la ética periodística o no (lo cual, sin lugar a dudas, puede ser cuestión de debate), pero sin ir más allá, sin afrontar el problema de fondo, y sin exigir como sociedad que dejen de pisotear nuestra dignidad todos los días. Mañana otro escándalo surgirá, una nueva cortina de humo nos será impuesta con el fin de distraer nuestra atención, logrando así que olvidemos cada uno de los agravios previos. Es una lógica macabra que se recrea incesantemente y cada vez con más intensidad, con el vértigo que imponen la inmediatez que rige a las redes sociales y a los medios de comunicación. Somos la sociedad de los perritos…. vamos tranquilos por la vida…. echándole tierrita a nuestra propia mierda o dejando que alguien lo haga por nosotros ya pensando en en la siguiente cagada.

Mas allá de la típica y poco factible solución de exigir que protestemos en las urnas para no elegir – una vez más – a los mismos con las mismas, confieso, no se me ocurre ninguna otra alternativa. Yo, al igual que la mayoría de ustedes, estoy inmerso en medio de todo esto y cooptado por las dinámicas perversas que se han impuesto. Pero, como decía algún comercial que nos invitaba a la reflexión ética, para estar bien hay que comenzar por reconocer lo que está mal.

El Periodismo en Colombia

Esta semana en nuestro blog tenemos un invitado muy especial, Fernando Estrada para dar su opinión acerca del periodismo en Colombia. Fernando es Evaluador de Colciencias en Economía, Ciencia Política, Filosofía, Sociología y profesor de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

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Fernando Estrada

Periodismo en Colombia


Por: Fernando Estrada

Los medios y quienes controlan el poder en Colombia parecen empeñados en una apabullante campaña de suplantación de la realidad por medio del lenguaje. Una frenética ceguera que tiene como finalidad afirmar la cultura del Kitsch y, de paso, destruir toda crítica al modelo dominante de opinión, descomponiendo falazmente los argumentos de sus oponentes. Una destorcida realidad que procede de un culto excesivo a la personalidad. Semana, El Tiempo, Cambio, Dinero, Portafolio, Soho, Caracol, RCN, Cromos, son medios que han inclinado sus rodillas ante el poder económico de turno. ¡Qué no decir en las regiones y ciudades por fuera de Bogotá!. Con excepciones, que parecen más bien simuladas por sus editoriales, lo que  parece un ejercicio independiente y liberal de la prensa democrática, se ha convertido en una sombra de lealtades incondicionales.

En la práctica tenemos un periodismo adulador.

La prensa escrita le sugiere titulares al periodismo de opinión radial en las mañanas, y el periodismo de medios audiovisuales gira cotidianamente en una suerte de tautología aparentemente indefinida. Porque todo termina en un principio: alabanza a los poderosos y humillación contra los débiles. Desde los negocios de Interbolsa o Reficar hasta los cantinflescos discursos de ministros irresponsables, en los más variados casos de ejercicio del poder muchos periodistas persiguen como perros mandarines a su amo. Y la parodia refleja en sus amañadas críticas sólo tienen un efecto color rosa: elevar y elevar más a quien manda y tiene como pagar. ¿Recuerdan en Caracol sus rogativas ante Pacific Rubiales mientras pagaba la pauta?. Miserables hipócritas. Porque en realidad las portadas que dieron estos medios a los miembros de juntas directivas de Interbolsa y Reficar, Don Fabio Villegas (un tartufo, no un sofista) es una prolongación de portadas anteriores de Uribe y Santos como guerreros de películas de vaqueros del estilo Rambo. ¿Recuerdan los golpes autoritarios de opinión de Uribe a Alejandro Santos, director de Semana?, tuvieron efectos en toda la familia Santos.

Todos debemos lamentar este periodismo tan premoderno.

Un clero atolondrado, gobernantes que mandan al país con una cohorte del Opus Dei y un rampante delirio de dueños de tierras y bancos de inversión. Unos medios orientados a preservar las ventajas económicas logradas por la suplantación de la realidad. Porque a estos medios el escándalo político les permite obtener dividendos en la medida en que sus gobernantes y políticos dan motivos para hablar. Y en esto tenía razones Karl Kraus, “con el poder de su lado los medios han amasado sus fortunas”. Colombia es un país al que parece importarle más los chismes de Darío Arismendi que la resolución de sus problemas.

El juego de espejos y metáforas es predominante.

La guerra de palabras del periodismo radial comprende tantas figuras como los escándalos derivados de las amantes del Tino Asprilla. Las diferencias son de grado, porque no debería sorprendernos que la retórica de este periodismo sea una mezcla entre la comedia y la tragedia como la muerte por desnutrición de los niños en la Guajira. Y que Fabio Villegas, en una larga entrevista por La W, termine doblegando la atrabiliaria semiología de las periodistas aprendices. Los medios contribuyen a este juego de espejos. Les conviene y les ha convenido. Por esto sus editoriales y quienes los dirigen trabajan sobre una crítica a medias: la finalidad es conseguir prolongar lo aparente. Aparentar una crítica a los atracos en Reficar, las rabietas del director del medio o las payasadas de los tontos imitadores en la Luciérnaga de Caracol Radio.

Pobreza de debates en Hora Veinte, por ejemplo, un programa radial de Caracol en donde se confunde el argumento con la algarabía o la gritería franco española. Un medio que ridiculiza el entendimiento. Porque los críticos terminan asimilando las ideas de sus contrarios y viceversa. Sin pausa la palabrería se impone sobre el examen de problemas de fondo que viven los colombianos. Y en la prensa escrita columnistas de opinión que pasan indecorosamente de un lado a otro,

según que les convenga alabar o cuestionar al gobernante. Un ejemplo, para quienes fueran columnistas lambones pro uribistas, la construcción de representaciones de falsa oposición entre derecha e izquierda es un escándalo de analistas mediocres. Pero estos periodistas se desvelan haciendo malabares con el lenguaje para situar cada régimen en la tradición histórica del remedo de democracia colombiana.

Forzar la historia mediante el lenguaje es verdaderamente un arte, y la iglesia del periodismo practicado en Colombia es experta en ello.


 

 

 

 

 

“Ciudad Paz” es la guerra contra la reserva

Por: Lorena Castañeda

Publicado: 02 de febrero de 2016

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Tiempo atrás tuve la fortuna de conocer y hablar con el actual mandatario del segundo cargo más importante del país, el señor Enrique Peñalosa. Lo admiro porque es un político con buenas intenciones, lleno de ideas para Bogotá y para Colombia y apasionado por los temas urbanos. Lo acompañé en dos campañas políticas, por convicción y sin ningún compromiso.

Sin embargo hoy tengo que decirle que no lo acompaño en la idea de urbanizar la Reserva Thomas Van der Hammen, que además, en un acto de total despropósito el gobierno Santos decidió darle todo el respaldo, el mismo gobierno que habla de paz pero que apoya declararle la guerra a la naturaleza

Leo los trinos del alcalde en los que defiende “Ciudad Paz”, un proyecto ambicioso que pretende construir cerca 80 mil viviendas de interés social y de interés prioritario en planes parciales en Campo Verde, Tres Quebradas, Hacienda El Carmen, Porvenir, El Cable, San Juan Bosco y Norte (este último en la Reserva Thomas Van der Hammen). ¿Pero puede el alcalde mayor de Bogotá pasar por encima de las autoridades ambientales?

La declaración de reserva de este territorio fue hecha por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca-CAR, mediante Acuerdo 011 de 2011, por orden del Ministerio de Ambiente que en el año 2000 solicitó a esta autoridad restaurar una reserva forestal regional que protegiera la conectividad entre los ecosistemas de los cerros orientales de Bogotá, el Valle Aluvial del Río Bogotá y el Cerro de Manjuy. Adicionalmente la Secretaría Distrital de Ambiente del gobierno pasado, emitió la Resolución 0835 de 2015, a través de la cual declara como zona de utilidad pública la Reserva Thomas Van der Hammen. ¿La terquedad del alcalde puede llegar al punto de desacatar decisiones de hace más de 15 años? ¿Su ambición va a pasar por encima de una reserva que es fuente de vida de los bogotanos y habitantes de la región?

El alcalde en uno de sus trinos dice: “En 1200 has de potreros ordinarios de la llamada reserva podrían vivir 250.000 personas. Que de otro modo serían forzadas 30kms más lejos. Desconoce Peñalosa que la Reserva Van der Hammen, cuenta con un sistema dividido en cinco sectores: montaña, piedemonte, humedales, altiplanicie y valle inundable, que si han convertido en potreros, como él los llama, es por culpa del descuido, las actividades agrícolas del lugar y la poca importancia que le prestan los mandatarios a lo que podría ser el segundo pulmón de la ciudad y del planeta.

Según un estudio adelantado por Armando Vásquez de la Universidad del Tolima, el proceso de reforestación en Colombia ha tenido varias etapas, en la década de los 60`s se hacía con fines industriales y económicos, a comienzos de los años 80 y hasta 1986 se alcanzó el mayor auge de la reforestación por incentivos tributarios del gobierno de turno. Hoy no solo se debemos reforestar gran parte del país para nuestra supervivencia, sino también para la preservación de las especies y el equilibrio ecológico, sí, para que no soportemos olas de calor y temporadas de lluvia inclementes.

Esto sin tener en cuenta que cada año en Colombia, por la deforestación ilegal, se pierden cerca de 48.000 hectáreas de bosque, casi el tamaño de la población urbana de Bogotá.

Sé que el alcalde es un gran defensor de los espacios que a todos nos pertenecen, como el espacio público, que desde el inicio de su mandato y con autoridad está haciendo respetar, quitando de las calles a los vendedores informales que tratan de llevar el pan a su casa. Pues con el mismo ahínco con el que controla el orden de la ciudad y limpia las paredes de carteles y publicidad invasiva, debería liderar la recuperación de la Reserva Thomas Van der Hammen, eso sí sería un acto de paz en su gobierno.

Por eso a través de este escrito le pido al burgomaestre, pensar más de dos veces su proyecto de vivienda en esta parte de la ciudad, respetar los procesos cíclicos del agua que allí suceden y cultivar los valores ecológicos en su mandato, hacer caso a lo invocado en la Cumbre de Paris sobre el cambio climático y así como quiere poner venados, peces y barquitos en el río tunjuelo, poner en marcha del mismo modo, una tarea de reforestación y preservación de la Reserva Thomas Van der Hammen, un pulmón de la Bogotá para todos.